Mejor aspecto: Un edificio bien cuidado genera una buena impresión en propios y extraños, se convierte en un lugar habitable, en el que apetece estar. No es una cuestión menor cuando, además, hay viviendas vacías en él, porque el aspecto que presente el edificio en general contribuirá a su buena valoración.
Bienestar y buena convivencia: La suciedad genera incomodidad y disgusto, más aún si se suman malos olores. Eso sin contar con la posibilidad de contraer enfermedades por bacterias, virus u hongos, así como de atraer plagas. Un edificio excesivamente descuidado se acabará convirtiendo en un riesgo para la salud pública, y hará que la crispación y los roces surjan entre los vecinos.
Respeto al entorno: Tener una comunidad bien cuidada, en torno a la que no revoloteen bolsas de plástico y otros residuos, es contribuir al medio ambiente.